El Banco Nacional de Cuba fue creado mediante la Ley 13, del 23 de diciembre de 1948, como Banco Central del Estado con autonomía orgánica, personalidad jurídica independiente y patrimonio propio. El 27 de abril de 1950 comenzó a operar el Banco Nacional de Cuba como Banco Central del Estado cubano asumiendo todas las funciones inherentes a esta condición que le daba la Ley antes mencionada.

El proceso de transformaciones económicas y sociales impulsado por el Gobierno revolucionario desde que  asumió el poder el 1ero de enero de 1959, hizo necesaria la realización de cambios radicales en la estructura bancaria para adecuarla a las nuevas condiciones del desarrollo económico.

El 26 de noviembre del año 1959, mediante el Decreto No. 2261, ocupó la presidencia del banco el Comandante Ernesto Guevara de la Serna (Che), considerado en la historia como el primer presidente revolucionario del BNC, quien desempeñaría esta función hasta el 23 de febrero de 1961. Durante su mandato presidencial de 15 meses, implementó las Ieyes de nacionalización bancaria aprobadas por el Gobierno revolucionario y dejó establecidas las bases de lo que sería la banca socialista.

A partir del 13 de octubre de 1960, fecha en que se nacionalizó la banca por el Gobierno Revolucionario, el BNC incorporó las funciones de las instituciones financieras disueltas, y quedó como único organismo financiero del país, encargado de ejecutar y controlar el plan financiero anual de la economía.

La nueva organización bancaria, sobre las bases establecidas por Che, quedó regulada por la Ley No. 930 del 23 de febrero de 1961. Esa legislación dispuso la instauración de un sistema bancario centralizado y único del Estado, constituido por el Banco Nacional de Cuba, cuyo objetivo era favorecer el desarrollo y fomento de todas las actividades productivas del país, mediante la acumulación de los recursos financieros y su más económica y razonable utilización.

Durante un período de más de 20 años las relaciones financieras desarrolladas por el Banco Nacional de Cuba pueden resumirse así:

Con los países socialistas las fuentes fundamentales de financiación estaban constituidas por créditos oficiales y bancarios que se negociaban centralmente y en importante medida con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y otros países socialistas.

El Banco Nacional de Cuba amplió considerablemente sus relaciones con las dos instituciones bancarias creadas por los países miembros del Consejo de Ayuda Mutua Económica: el Banco Internacional de Cooperación Económica y el Banco Internacional de Inversiones, los cuales contribuyeron considerablemente a la financiación internacional del comercio internacional y de programas de integración económica del país hasta la desaparición del campo socialista.

Las relaciones financieras con las instituciones de países capitalistas fueron mucho más restringidas que las sostenidas con los países socialistas, lo cual estaba en correspondencia con el volumen más reducido de las operaciones económicas y comerciales de Cuba con los países capitalistas.  Sin embargo, cabe señalar que la diferencia esencial no estuvo dada precisamente por el volumen de las operaciones, sino por el carácter bien distinto que tenían las relaciones financieras con los bancos de esos países.

Los créditos otorgados eran, por lo general, a corto plazo y estaban sujetos a términos y condiciones estrictamente comerciales y altos costos.  Estos términos y condiciones reflejaban, por supuesto, el riesgo comercial que normalmente los acreedores atribuyen a los negocios con países subdesarrollados, pero, en el caso de Cuba, reflejaban también el riesgo político que los acreedores le atribuían a su relación con este país socialista bloqueado económica y financieramente por los Estados Unidos de América.

No obstante las dificultades antes referidas, durante la década del 60 y hasta finales de la década del 70, se produjeron algunos avances en los vínculos con instituciones de países capitalistas, tales como el establecimiento paulatino de relaciones con las instituciones de seguro de crédito a la exportación. Se amplió además el número de corresponsales en todo el mundo hasta alcanzar la cifra de más de 500 y fueron abiertas oficinas de representación en España, Suiza, Japón y Panamá.

Estos avances fueron posibles no sólo por la abundancia de créditos que caracterizó la crisis petrolera de los 70, sino también por la profesionalidad que alcanzó el Banco Nacional de Cuba en su desempeño internacional.

En 1982 el BNC, afectado por la crisis internacional de liquidez y las medidas de bloqueo de Estados Unidos de América, se vio obligado a solicitar la renegociación de su deuda con los países y bancos capitalistas acreedores.

Las atribuciones y funciones conferidas al Banco Nacional de Cuba por la Ley 930, en materia de operaciones internacionales, se mantuvieron vigentes hasta el l3 de octubre de 1984, fecha en que se dictó el Decreto Ley 84 SOBRE EL SISTEMA BANCARIO NACIONAL Y EL BANCO  NACIONAL DE CUBA.

En esta nueva ley orgánica se mantuvo al Banco Nacional de Cuba como banco central, internacional, comercial y de inversiones, pero se introdujo un cambio esencial en la organización bancaria que había prevalecido hasta entonces: se autorizó la creación de bancos no estatales, fundamentalmente para realizar operaciones internacionales y el establecimiento de oficinas de representación de bancos extranjeros en Cuba.

Legalmente se puso fin al monopolio estatal de las operaciones en moneda extranjera. No obstante, se mantuvo la centralización de las divisas para la generalidad de las entidades del país que no tenían licencia del Banco Nacional de Cuba para efectuar operaciones internacionales

La persistencia de los bajos precios del azúcar, el alza continuada de los precios de las importaciones fundamentales del país, el desplome del campo socialista y el recrudecimiento del bloqueo norteamericano, afectaron sensiblemente el crecimiento de la economía cubana durante los últimos años de la década del 80 y los primeros de la década del 90.

En el sector de las finanzas externas del país se experimentó un serio retroceso, cuyas principales manifestaciones pueden resumirse en:

– Retirada masiva por parte de los bancos acreedores de Ios depósitos y préstamos, lo cual originó una crisis de liquidez y consecuentemente dificultades para el cumplimiento de las obligaciones de pago contraídas, originando desequilibrios en los compromisos externos.

– Disminución de los financiamientos externos y costos más elevados para los obtenidos.

– El proceso de renegociación de la deuda externa no pudo ser reactivado.

– Las instituciones de seguro de crédito para las exportaciones permanecieron cerradas para Cuba.

Para enfrentar la situación adversa, el Gobierno cubano decretó el Período Especial e impulsó la adopción de una serie de medidas encaminadas a adecuar la organización económica a las nuevas circunstancias, entre las cuales vale la pena mencionar, por su relación más directa con la actividad internacional del país, la eliminación del monopolio estatal del comercio exterior y la consiguiente autorización de sociedades mercantiles cubanas y firmas productoras y comerciales extranjeras para realizar actividades de comercio exterior.

Asimismo, se produjo la ampliación de la inversión extranjera en Cuba, y fueron aprobados esquemas de autofinanciamiento a empresas estatales y sociedades mercantiles cubanas, lo cual ha permitido a estas entidades operar sus propias cuentas en divisas, operación antes reservada exclusivamente al Banco Nacional de Cuba, salvo casos autorizados excepcionalmente. La tenencia de divisas fue despenalizada.

La organización económica del país experimentó cambios significativos en virtud de las medidas adoptadas para enfrentar las nuevas condiciones en que tenía que desarrollarse la economía cubana.  Entonces fue necesario llevar a cabo un nuevo reordenamiento del sistema bancario para adecuar las instituciones financieras a la transformación económica que tenía lugar en el país.

La reestructuración fue acordada mediante los Decretos Leyes 172 y 173, ambos del 28 de mayo de 1997 y abrió el camino para crear instituciones financieras o ratificar algunas ya existentes con capacidad para brindar servicios bancarios especializados, tales como el arrendamiento financiero y los negocios fiduciarios, entre otros.

En lo que respecta al Banco Nacional de Cuba, se determinó ratificar todas las atribuciones y funciones que le reconoció el Decreto Ley 84 de 1984, con excepción de las propias de banco central y mantener a su cargo el registro, control, servicio y atención de la deuda externa que el Estado cubano y el Banco Nacional de Cuba tenían contraída con acreedores extranjeros hasta el 28 de mayo de 1997. De igual forma se ratificaba la vigencia de las garantías emitidas por el Estado con respecto a la deuda externa del Banco Nacional de Cuba.

En 1998, como parte del proceso de reestructuración del sistema financiero, se promulgó el Decreto-Ley No. 181, que estipula que el BNC es liberado de las funciones de banca central y de rector del sistema bancario. Se mantiene como banco comercial, y tiene como función financiera esencial el registro, control, servicio y atención de la deuda externa que el Estado y el mismo BNC hayan contraído ante acreedores extranjeros con la garantía del Estado. Actualmente está  sujeto,  como  las  demás instituciones  financieras,  a  las  regulaciones  del Banco Central  de Cuba  y su supervisión,  lo  quo indiscutiblemente  constituye  un acicate  especial  para  desenvolver  su actuación  con la mayor  eficiencia  posible.

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